De amores, destinos y cupidos

Qué bonito es el desenredo;
más aún cuando dos personas
deciden deshacer(se) entre las sábanas.

Ya no eres tú,
ni menos soy yo:
ya es cosa del destino,
y yo, amor, siempre he sido alguien del azar.
Detente, amor,
no consumamos tan rápido
estas ganas de quemarnos.

La tranquilidad que me das
es la misma que te he de dar;
no apaguemos de golpe
estas ganas de calmar.

Ni tú eres la caperuza de la ciudad,
ni yo el lobo del bosque;
anda, que ahí, en ese portal,
el cuento se ha de contar.

Tus ojitos, muy lindos…
pero más los míos,
porque donde miro
es donde te veo.

No es la almohada de mi cuarto
ni tus ganas de dormir:
es el destino que nos dejó
dejarnos encontrar al amor.

Yo, que nunca he sido
de mover mucho la boca,
y tú, que no acostumbras a preguntar…
no te vayas con el primer rayito,
si ya ves que hasta Cupido
se fue un ratito.